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Viviendo en Lofts
La ocupación
de almacenes y talleres industriales y su
readecuación como espacios de vivienda y de trabajo, por parte
de los artistas de la segunda mitad del siglo XX, dio origen a los
lofts. Muchos pintores abandonaron las pequeñas buhardillas
en las que a lo mejor Paul Klee, Van Gogh o Juan Gris concibieron
sus mejores obras, durante la primera mitad del siglo, para
instalarse en estudios de grandes dimensiones. Pintar una tela
de 15 metros cuadrados implicaba un taller amplio y otras
condiciones de luz y de ambiente.
Nacido en las entrañas del Soho
de Nueva York, el loft constituye siempre un reto para arquitectos
y diseñadores. Porque se trata es de reconvertir un espacio -dándoles
funciones adicionales a las primigenias- sin alterar, en lo posible, sus
elementos estructurales y de construcción, que permanecen casi
siempre a la vista. Por eso se busca lugares que sean diáfanos:
para que la incorporación de la luz natural (tan importante en el
rediseño) rellene la mayoría de los ámbitos sin trabas a su difusión.
Pero ellos no sólo se basan en la forma de vida no convencional
de los artistas. Nacieron también de la necesidad de integración,
en un solo espacio, de vivienda y trabajo.
Con el desarrollo de las telecomunicaciones, cada vez son
más las personas que pueden y quieren realizar cómodamente
sus labores desde la casa.
La adecuación de las viviendas tradicionales no estaba diseñada
para eso. Por eso incorporar las actividades laborales a la vivienda
implicaba una radical transformación. El espacio debía ser mayor
y más flexible, como lo es un loft. Por eso en las grandes ciudades
-Nueva York, Londres, Chicago-, éstos son ocupados por familias
poco numerosas o por personas solas. En Colombia ya su costumbre
empieza a difundirse. La transformación de la familia tradicional,
lo han vuelto un lugar codiciable. Una de las formas más efectivas
de reciclaje y reutilización. Una de las soluciones de vivienda más
eficaces de la arquitectura del siglo XXI.
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